Adicciones y Disturbios Emocionales

Consideramos enfermedades del alma aquellas que se apoderan de nosotros a un nivel que trasciende a lo físico e incluso a lo mental.

Son condiciones de nuestra persona que nos despojan de todas nuestras ilusiones y ambiciones, y que nos ponen en contra de nosotros mismos y todo aquello que amamos. Nosotros así describimos el alcoholismo, la adicción y los disturbios emocionales. Las adicciones y los disturbios emocionales están ampliamente ligados.

Entre los muchos factores que provocan el consumo en una persona, principalmente se encuentran los problemas con las emociones, ya que estos, así como el consumo, impiden su desarrollo como ser humano. Cinco de estos conflictos que se consideran los principales son el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia.

Estas heridas se experimentan a lo largo de la vida de todas las personas, y cuando no se resuelven, impiden que alguien pueda ser uno mismo. Se dice que una enfermedad de este tipo es crónica, incurable, progresiva y mortal. Con el tiempo, la persona afectada sólo empeora en su condición, y esta nunca desaparece. Sin embargo, esta clase de padecimiento es tratable. Se puede mantener la condición bajo control para que el afectado tenga la oportunidad de una vida larga, próspera, útil y feliz.

Esto requiere del afectado un gran esfuerzo personal continuo, así como estar abierto a recibir ayuda externa. El que padece de una enfermedad del alma y no resuelve sus conflictos emocionales esta siempre bajo riesgo de una recaída. Sin embargo, la experiencia demuestra que rara vez fracasan aquellas víctimas de estas enfermedades que aceptan su condición y sus implicaciones, y están dispuestos a todo para recuperarse.

 

IMPACTO DE ESTAS ENFERMEDADES

Muchas veces, especialmente en el caso del alcoholismo y la drogadicción, se habla solamente de los síntomas y consecuencias personales de no tratar estas condiciones.

Por ejemplo, el consumo continuo de una substancia resulta en el deterioro mental. Otro ejemplo, en el caso de la depresión (disturbio emocional), es que resulta en exceso de sueño. Los hechos nos revelan, sin embargo, que el impacto de una de estas enfermedades va más allá del afectado.

Es común presenciar que los seres queridos de estas personas, así como muchos otros terceros, sufran a causa del enfermo, y no por su condición, sino por las acciones y decisiones que la persona lleva a cabo. La situación solo empeora cuando el enfermo se rehúsa a ver la realidad. Bajo el engaño de la enfermedad, es muy difícil convencer a un afectado de que tiene un problema. Al contrario, intentar hacerlo entrar en razón solo causa que este se vuelva aún más hostil y peligroso para aquellos que solo lo quieren ayudar. Son pocos los que en estas situaciones logran percibir la perversidad de su conducta y situación, y aún menos los que deciden enfrentarla.

Es aquí donde la ayuda de otro enfermo en recuperación puede muchas veces ser la única forma de despertar.


DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL ENFERMO

Somos personas que rara vez nos hemos sentido realizadas. Consideramos que tenemos algo que aportarle al mundo, pero que el mundo nos ha quitado demasiado. Vivimos con fuertes resentimientos hacia la gente por las culpas que les cargamos; sentimos que hemos recibido un amplio daño a causa de ellos. Lo peor es que nadie nos entiende. Eso es lo que pensamos. Nos hemos callado muchas cosas, las hemos reprimido en nuestro interior. El miedo nos domina en muchas áreas de nuestra vida. Tratamos de vivir a la altura de nuestros ideales, pero al ser los primeros en romperlos, llegamos a preguntarnos si nacimos para hacer daño. Ocasionalmente nos llenamos de culpa si logramos hacer conciencia de nuestros errores. Nos conmiseramos y victimizamos de cómo nos sentimos, simplemente buscando alguien que nos comprenda. Somos individuos carentes de amor y de atención, muchas veces porque no supimos recibirlos. Ultimadamente, intentamos alejarnos de un mundo en el que no encontramos nuestro lugar, argumentando que si nuestras decisiones nos llevarán a la auto-destrucción, nadie más tiene por qué preocuparse o juzgarnos. Estamos solos y perdidos por dentro. Los momentos de claridad son breves. La esperanza en nosotros mismos siempre va en decaída. Creemos que estamos bien, y se lo aseguramos a los demás, pero en realidad, cada vez estamos más vacíos en nuestro interior, siempre en guerra con nosotros mismos. Los que hemos encontrado una nueva forma de vivir podemos testificar que no hay nada para nosotros como la ayuda de otro enfermo en recuperación. Es doloroso llegar a enfrentar nuestro pasado, nuestros errores y lo que nos aqueja, pero hemos descubierto que solo de esta manera y poniéndonos en acción positiva junto a otros enfermos logramos superarnos. No es fácil, pero tampoco es imposible. Aquellos de nosotros que estamos cansados de nuestra antigua forma de vivir nos hemos aferrado a los principios aquí aprendidos porque sabemos a dónde no queremos regresar. Sólo por hoy, damos lo mejor de nosotros. Sólo por hoy, aceptamos que cometemos errores. Sólo por hoy no queremos volver a caer.


CONCLUSIÓN

El alcoholismo, la adicción y los disturbios emocionales no son temas fáciles de digerir, mas sin embargo, hay una solución. El enfermo afectado y sus seres queridos pueden tener la esperanza de recuperación. Esto es lo que queremos transmitir y ofrecer en nuestra comunidad, porque sabemos lo oscuro que puede verse el panorama, y también somos testigos de la luz al final de la tormenta.